Todos hemos sido elegidos como protagonistas de la primera temporada de la serie “COVID-19: el virus que apagó el mundo”. Y en medio de una crisis pandémica, se declara que el mundo es completamente plano. La Tierra es plana. Estamos más interconectados e interdependientes que nunca, sintiendo todos los posibles efectos de una epidemia como esta. Es un hecho. Un virus que comenzó en China, se instaló y se propagó a una velocidad incontrolable.

Y ahora nos han confinado en casa. “Quedaos en casa, evitad las aglomeraciones y los lugares cerrados. Lavaos las manos sin cesar, usad alcohol en gel, no os toquéis la cara. Evitad el desplazamiento, liberad a vuestros empleados o ponedlos a trabajar desde casa”.

Está bien. Lo tengo. Pero la vida no se detiene, ¿verdad? No puede parar. Las facturas siguen llegando, los impuestos no nos dejan en paz, las obligaciones están ahí, intactas mirándonos como el gatito de Shrek. Sin mencionar el Impuesto sobre la Renta, no lo olvidéis, la fecha límite llegará pronto. Bueno, vale, aquí vamos. A trabajar desde casa entonces, por supuesto.

El mundo entero se ha trasladado al universo a distancia, y tiene mucho sentido para contener la propagación desenfrenada del Coronavirus. #yomequedoencasa

Pero… espera. Vaya, vaya, vaya. Hay algo que he olvidado en esta dinámica.

Veamos: tengo un hijo de dos años y medio llamado Henrique. Aquellos que tienen o han tenido hijos, saben que a esta edad son un volcán en erupción, llenos de adrenalina y energía para gastar. ¡Es una fuente inagotable!

Nuestro hijo va a la escuela por la mañana, gasta mucha energía, y por la tarde permanece bajo los cuidados de su niñera hasta  que mi esposo o yo llegamos del trabajo. Pero ahora se han enviado a todas las personas a casa. Las escuelas están cerradas.

Entonces, señoras y señores, ya habéis entendido el escenario, ¿verdad? ¿Es caótico? Sí,  es caótico. ¿Es una zona sin rutina organizada? Sí, lo es.

Y sólo se trata de los primeros días. ¿Y ahora qué Dios mío? ¿Cómo se hace para trabajar,

satisfacer las demandas actuales y las del cliente? ¿No perder un contrato cuando el mundo indica lo contrario, no pensar en la salud del negocio cuando el mundo advierte que la economía también enfermará , mantener a las personas productivas, motivadas y colaborando entre sí?

Agregadle a esto un niño a vuestro alrededor todo el día que quiere  atención. Porque, a excepción de algunos casos, muchos de nosotros estamos fuera todo el día trabajando… es natural que quieran nuestra atención.

Establecido el contexto actual, junto con una pequeña cabaña en el salón de casa, pensé que valdría la pena compartir un poco  mi experiencia de trabajar desde casa con un hijo pequeño. Quizás ayude a algunos padres y madres, lectores de nuestro blog.

Sé que cada edad tiene una necesidad, así que recordad que estamos hablando de los pequeños, que generalmente demandan y dependen de nosotros  más que los mayores.

Sé empático con los pequeños y ve el mundo desde su perspectiva

Está bien, eres un padre o madre que necesita velar por su trabajo para tener una buena vida, mantener el hogar, la escuela de los niños, hacer las compras, etc. Por otro lado, a muchos afortunados, como a mí, les gusta su trabajo. Hacen algo que les brinda una satisfacción personal y profesional.

De todos modos, hay muchas razones para que nos involucremos en un trabajo. Sin embargo, los pequeños aún no asimilan este tipo de información, no racionalizan estas necesidades mundanas, tales como “pagar facturas”, ¡enhorabuena, porque algún día les llegará su turno! Bien, hasta que llegue ese momento, nos verán en casa, y eso los pone contentos y se apegan. Especialmente los   pequeños, que todavía nos ven como referencias y dependen de nosotros.

En casa a cada dos minutos se oye: “Mami,  ¿jugamos con los cochecitos y dinosaurios?” o “mami, ¿montamos una pequeña granja?”. En estos tiempos de trabajo entre conference calls, correos electrónicos, rutina, actividades domésticas, hijos y familia, que se mezclarán por completo en el mismo metro cuadrado con un hermoso toque de claustro y locura, tenemos que practicar este valor que a veces  olvidamos practicar con nuestros hijos: la empatía.

Recordemos que no tienen claro qué es una pandemia, no tienen idea de lo que significa “apagar el mundo” durante unas semanas, sin  apagar exactamente todo lo  que sucede en el hogar. De ahí que el punto aquí es: agáchate, dales un fuerte abrazo seguido de muchos besos, observa su pequeño mundo a esa altura. De repente, de la noche a la mañana, los padres pasaron a quedarse en casa las 24 horas.

Para tu hijo, estás a su entera disposición para hacer una cabaña, montar en bicicleta, dibujar, hacerte pasar por el monstruo de las cosquillas, etc. Por consiguiente, en el momento de la desesperación, respira hondo dos veces y sé paciente, ¡tanto tú como ellos lo necesitarán!

Home office con los hijos requiere disciplina y rutina

Hago home office hace muchos años y veo que hacerlo desde casa  o desde cualquier otro lugar es idéntico a un día de trabajo en la oficina, pero con muchas ventajas: no tener que levantarse muy temprano para ir a trabajar; no enfrentarte al transporte público abarrotado en las horas punta; comer la comida de casa que generalmente es más saludable; trabajar desde cualquier lugar; entre otras ventajas.

Básicamente, basta con tener una buena señal de internet. Además del clásico episodio que todos los que trabajan desde casa han pasado un día en la vida. Que levante la mano quien se haya despertado 5 minutos antes de la primera call de día, en una jornada de home office. Te levantaste de prisa y te conectaste, correcto. #losémuybien.

Sólo que ahora tienes hijos . ¡Despertarte con la hora justa para empezar a trabajar con los más pequeños no funciona muy bien! He aprendido que hacer home office implica tener más disciplina o una rutina mínima para que funcione. Despertarse tranquilamente antes de comenzar las actividades del día, prestar atención a los más pequeños, cambiarse de ropa, tener tu propio lugar para trabajar ayuda demasiado para “set the stage”.

No salgo de casa, pero el discurso para Henrique siempre ha sido algo como: “Hijo, ahora voy a trabajar. Dentro de un rato vendré a darte un beso y a jugar un poco contigo, ¿vale? ¡Hasta prontito!”. Los rituales de “despedida” siempre me han ayudado, aunque  estuviera justo al lado. Siempre iban acompañados de llanto, obviamente, porque cerraba la puerta de mi habitación y permanecía allí hasta la próxima salida. 

Santo relevo

Comenzaré diciendo que esto es C-R-U-C-I-A-L en este momento en el que  todos vivimos en cuarentena. No hay santo que dé abasto (demandas de trabajo + demandas del hogar + demanda de los niños) al mismo tiempo.

Sé que no es la realidad de todos tener a alguien para alternar las actividades y tareas que van llegando, pero si contamos con un compañero(a) presente, un tío, tía, una madrina, padrino o vecino allegado que puedan pasar la cuarentena contigo, sin duda te ayudará a dar un respiro en los turnos de relevos.

A modo de ejemplo, en casa mi marido y yo tenemos full time jobs. Los abuelos son parte del grupo de riesgo y preferimos dejarlos en casa y no contar con su ayuda. Generalmente, nos organizamos de la siguiente manera: por la mañana él trabaja.

Trata de priorizar las cosas más importantes para entregar en esas pocas horas sagradas mientras yo me quedo con Henrique. Por la tarde, es mi turno en el mismo ritmo – priorizar, priorizar y priorizar las entregas de mi “turno”. Me siento frente al ordenador y me pregunto: ¿Qué es lo más importante, urgente y más valioso para lograr este día? ¿Cuál es mi mejor acción en este momento?

Ahora bien, si no tienes a nadie con quien turnarte, ningún alma bondadosa junto a ti en este momento, y eres  madre/padre soltero/a, quizás valga la pena volver a leer el último párrafo del punto 1 anterior y continuar en el punto 4 a continuación. Tal vez te ayude.

Tómate más descansos

Las pausas durante el día para echar un vistazo a lo que está sucediendo en casa pueden ayudarte bastante. Cuando nuestro hijo sabe que estamos en casa, a aguantar sus demandas de atención y los insistentes golpes en la puerta de la habitación donde estamos. En casa Henrique dice lo siguiente: “¡Voy a trabajar contigo, mamá! Pero estaré calladito.”

Pero no, entonces a jugar a que “T-Rex persigue al bebé” entre un correo electrónico y otro, o contar una breve historia en la cabaña del salón entre una llamada y otra puede ayudar mucho para que sepan que estás allí con ellos siempre que sea posible. En este caso, un poco de atención plena y centrada en ellos,  calma los ánimos en el ambiente.

Estos días serán de locos, lo sé. Tendremos más que nunca la sensación de que le  debemos al cliente, la empresa, nuestra familia, y nuestra cuenta bancaria. Y a nosotros mismos. No obstante,  volvamos a poner las cosas en perspectiva, porque en esta primera temporada de la serie nada estará en su estado normal, mucho menos tú.

Por lo tanto, no te hagas ilusiones de que trabajarás a un ritmo normal, realizarás todas tus actividades a tiempo, estarás muy atento a las llamadas, o de que serás bastante participativo en la vida diaria del hogar y de tu relación y brindarás una  buena atención a los niños.

Estos son tiempos desconocidos para todos nosotros. Por consiguiente, tendremos que volver a calcular la ruta, repriorizar nuestras acciones más que nunca, hacer las adaptaciones necesarias en nuestras vidas y encontrar nuevos límites. #trueagileenlasvenas

Sólo recordad una cosa, madres y padres lectores,  todo esto va a pasar. ¡Así que sujetaos fuerte y abrochaos el cinturón! Más adelante, cuando hablemos de este momento histórico,  tendremos muchos recuerdos divertidos que contar y, probablemente, aún nos reiremos de  todo esto.

Hasta entonces,  mantengamos la calma, respiremos profundamente en los días difíciles,  sepamos priorizar y hacer un buen uso de unas pocas horas efectivamente productivas en el día, eliminar reuniones innecesarias e intercambiarlas por un  mensaje simple, y tener suficiente creatividad  para entretener a los pequeños en esta temporada indoor.

¡Juntos somos más fuertes! Nadie suelta la mano de nadie. Aunque en tiempos de escasez de alcohol en gel en las farmacias, mejor no. ¡Cuidaos y lavaos las manos!

Mamá, ¿puedo trabajar contigo? 1

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