En muchas compañías, el proceso de desarrollo de productos comienza con ideas de nuevas funcionalidades. Esas funcionalidades se priorizan según el rendimiento esperado y el coste de desarrollo, se crea un roadmap y se le envía al equipo para que lo ejecute. ¿Te suena familiar? En este caso, existe la gran posibilidad de perderse en la construcción de la solución, aumentando exponencialmente la posibilidad de construir demasiadas cosas que nadie más usa, así como retrasar la capacidad de tu empresa para responder de manera rápida y efectiva a los cambios del mercado y la experiencia de tus clientes.

Dado el contexto anterior, vamos a los hechos:

El problema con el roadmap tradicional

Cuanto más masa tenga un objeto, más energía se requiere para cambiar su dirección. Es cierto tanto para el mundo físico como para el mundo empresarial.

En el roadmap tradicional existe la ilusión de una planificación excesiva, que da una falsa sensación de seguridad y previsibilidad a los stakeholders. Sin embargo, dicha práctica aumenta la rigidez del proceso, disminuye la capacidad creativa y también el enfoque en las necesidades reales de los clientes. La consecuencia es desarrollar recursos que nunca se utilizarán, desperdiciando tiempo y energía.

Roadmap corto

“Planear es saber que debes cambiar la ruta cada 30 minutos” – Amyr Klink

Eso significa tener menos masa. Menos masa significa cambiar rápidamente. Decidir lanzar nuevas funcionalidades ahora o más adelante. Reaccionar al mercado o desarrollar tu producto. Escuchar y satisfacer las necesidades del cliente. Disminuir el coste de los cambios.

Cuanto más costoso sea hacer un cambio, menos posibilidades tendrás de hacerlo. Tus competidores pueden cambiar más rápido y estarás en gran desventaja. Si el cambio es demasiado caro, estás perdido.

La capacidad de cambiar en un abrir y cerrar de ojos es algo que los productos Lean (productos de ciclos cortos o de tiempos reducidos) tienen por naturaleza, y que los productos frankenstein nunca tendrán. Los cambios rápidos y baratos son el arma para tener éxito en un mercado en constante cambio.

Cuando hablamos de roadmap, queremos tener visibilidad, capacidad de adaptación y previsibilidad con posibilidades de cambiar de dirección rápidamente y no un compromiso de entregar todo lo planeado. Esto viene a través de la claridad sobre: objetivos, métricas, retos y qué necesidades de nuestros clientes creemos que debemos resolver para lograr resultados comerciales e impactar positivamente en los clientes.

Cómo construir un roadmap de producto más efectivo

Cómo construir el roadmap de un producto 1

En el golden circle, define cuál es el objetivo a medio o largo plazo, cómo medir el éxito y qué debe entregarse.

  1. OBJETIVOS: ¿Cuáles son los objetivos a corto plazo? ¿Cuáles son los problemas, necesidades u oportunidades?
  2. MÉTRICAS: ¿Qué métricas usaremos para saber si tenemos éxito?
  3. RETOS: ¿Qué retos debemos superar para llegar allí?
  4. HIPÓTESIS: ¿Qué suposiciones de las necesidades del cliente creemos que deben resolverse para lograr los resultados esperados?

El tiempo para cada objetivo dependerá de tu modelo de negocio. Podemos considerar días, semanas o meses. Idealmente, intenta el ciclo más corto que puedas.

¿Cómo empezar?

Ahora que sabes lo que es el roadmap de un producto más eficaz, es hora de ponerse manos a la obra. Descarga la plantilla Roadmap de Producto que ponemos a tu disposición.

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